DISEÑO WEB · PRECIOS
Rangos reales por tipo de sitio, qué está incluido en cada precio, los costos que aparecen después de firmar y cómo comparar dos cotizaciones que se ven iguales pero no lo son.
29 de agosto de 2026 · 13 min de lectura · Por el equipo de Mila Web
Respuesta corta
Una página web profesional para una pyme en Chile cuesta entre $300.000 y $520.000 + IVA como pago único. Una tienda online parte en torno a los $750.000 + IVA. Bajo $150.000 casi siempre estás pagando una plantilla sin trabajo de contenido; sobre $2.000.000 entras en desarrollos a medida que la mayoría de las pymes no necesita.
Es la primera pregunta de casi toda conversación y la más difícil de responder de frente, porque la respuesta honesta empieza con «depende». El problema es que ese «depende» muchas veces se usa para no dar el número, y quien tiene un negocio necesita el número para decidir.
Así que vamos a darlo, con los rangos que se ven en el mercado chileno en 2026 y, más importante, con la explicación de qué cambia entre uno y otro. Al final vas a poder mirar dos cotizaciones y entender por qué una cuesta el triple, o por qué la más barata puede terminar siendo la más cara.
El mercado se ordena en cuatro tramos bastante nítidos. No son categorías oficiales, pero cualquiera que haya pedido tres cotizaciones los reconoce.
Recibes una plantilla comprada con tu logo, tus colores y los textos que tú entregues. Nadie va a cuestionar si esos textos explican bien lo que vendes, ni a definir qué secciones necesitas. El trabajo es de montaje y toma entre unas horas y un par de días.
Sirve en un caso concreto: necesitas presencia mínima, una dirección que poner en la tarjeta, y no esperas que el sitio genere contactos. Si tu expectativa es que la web traiga clientes, este tramo casi siempre termina en frustración, porque el problema de una web que no convierte rara vez es visual.
Aquí está la mayoría de los proyectos que tienen sentido para un negocio pequeño o mediano. Lo que cambia respecto al tramo anterior es que alguien se hace cargo del contenido: redacta pensando en tu cliente, define en qué orden van las secciones y deja el sitio configurado para que Google lo entienda.
El plazo típico va de una a dos semanas y el resultado es un sitio de 4 a 10 secciones, rápido, ordenado en el celular y con caminos claros hacia el contacto. Es el tramo donde trabajamos nosotros y donde, en nuestra experiencia, se obtiene la mejor relación entre lo que inviertes y lo que el sitio devuelve.
Cuando el sitio deja de ser informativo y empieza a hacer cosas —vender productos, gestionar reservas, conectarse con un inventario, tener área privada— el precio sube porque sube el trabajo de desarrollo, no el de diseño.
Una tienda online bien montada vive en este tramo, igual que los sitios con muchas fichas de producto, buscador interno o agenda de horas.
Plataformas propias, aplicaciones web, sistemas con lógica de negocio específica. Es otro mundo, con equipos de varias personas y plazos de meses. Si eres una pyme y te cotizaron esto para un sitio informativo, pide una segunda opinión.
Esta es la parte que casi nadie explica y la que hace que dos sitios parecidos cuesten muy distinto. El precio se reparte, más o menos, en cinco cosas.
Escribir para vender es un trabajo específico. No es rellenar secciones: es decidir qué se dice primero, cómo se nombra lo que ofreces, qué objeción se responde antes de que el cliente la piense. En los proyectos que fracasan, nueve de cada diez veces el diseño estaba bien y el mensaje no existía.
Si una cotización no menciona la redacción, asume que tú vas a escribir. Y si tú vas a escribir, calcula el tiempo: normalmente es la razón por la que un proyecto de dos semanas se convierte en uno de tres meses.
El orden de las secciones no es un detalle estético, es una decisión comercial. Un visitante que llega buscando precio y tiene que pasar por tres pantallas de «quiénes somos» se va. Definir ese recorrido —qué ve primero, dónde aparece la prueba, cuándo se le pide el contacto— es parte de lo que pagas. Es exactamente el orden con el que trabajamos cada proyecto: primero el argumento comercial, después el diseño.
Lo visual y su implementación. Importa menos de lo que se cree para el resultado comercial, pero mucho para la credibilidad: un sitio desalineado, con tipografías inconsistentes o que se rompe en el celular resta confianza antes de que nadie lea una palabra.
La velocidad también se juega acá. Un sitio liviano en HTML carga en menos de un segundo; el mismo contenido montado sobre una plantilla cargada de plugins puede tardar cinco. En móvil, cada segundo extra son visitantes que se van antes de ver nada.
Títulos, descripciones, jerarquía de encabezados, datos estructurados, velocidad, versión móvil. No es magia ni garantía de primer lugar, pero sin esto tu sitio no compite. Es barato hacerlo bien de entrada y caro arreglarlo después.
En 2026 hay una capa nueva: los asistentes de inteligencia artificial. Cuando alguien le pregunta a un asistente por proveedores de un servicio, la respuesta se arma con contenido que responde preguntas concretas de forma estructurada. Los sitios que solo se describen a sí mismos no aparecen ahí.
Que alguien responda cuando el formulario deja de llegar, cuando necesitas cambiar un precio o agregar un servicio. Es lo primero que se recorta en las cotizaciones baratas y lo que más se echa de menos a los seis meses.
Casi todas las sorpresas de presupuesto vienen de la misma lista corta. Pregúntalos explícitamente antes de firmar.
Han aparecido muchas ofertas de «tu web desde $25.000 al mes». Suena accesible y a veces lo es, pero conviene hacer la cuenta completa antes de comparar con un pago único.
A $40.000 mensuales, en tres años pagaste $1.440.000. Con un pago único de $350.000 más dos renovaciones de hosting y dominio, en el mismo período gastaste menos de la mitad. La diferencia importante, sin embargo, no es el dinero: es la propiedad. En la mayoría de los planes mensuales, si dejas de pagar el sitio se apaga, porque nunca fue tuyo.
La mensualidad se justifica cuando incluye trabajo continuo real: actualizaciones de contenido cada mes, gestión de campañas, informes. Si solo cubre «tener el sitio arriba», estás arrendando algo que podrías haber comprado.
Antes de firmar cualquier plan mensual, haz dos preguntas: ¿el dominio queda a mi nombre? y ¿qué pasa con el sitio si dejo de pagar? Las respuestas te dicen todo lo que necesitas saber.
Vender online cambia la ecuación, porque el sitio pasa de informar a procesar transacciones. Eso suma configuración de medios de pago, despachos, fichas de producto y control de stock.
Una tienda bien montada en Shopify para una pyme chilena parte en torno a los $750.000 + IVA de desarrollo. A eso se le suman costos recurrentes que conviene tener claros desde el principio: la suscripción mensual de la plataforma, la comisión de la pasarela de pago por cada venta y, si vendes con despacho, la integración con el courier.
Nosotros trabajamos solo con Shopify para ecommerce, y no por comodidad: es la plataforma donde una pyme puede administrar su tienda sin depender de un desarrollador para cada cambio, con actualizaciones de seguridad resueltas por la plataforma y con integración directa a Flow. En las alternativas autoalojadas el desarrollo puede ser algo más barato, pero la mantención y las caídas terminan costando más de lo que se ahorró.
Para que el cálculo sea completo, conviene separar el desarrollo —que se paga una vez— de los costos que se repiten mes a mes. Esta es la estructura típica de una tienda pequeña en Chile durante su primer año:
| CONCEPTO | TIPO | REFERENCIA |
|---|---|---|
| Desarrollo de la tienda | Pago único | Desde $750.000 + IVA |
| Suscripción de la plataforma | Mensual | Según el plan de Shopify que contrates |
| Comisión de la pasarela de pago | Por venta | Porcentaje sobre cada transacción |
| Despacho | Por envío | Tarifa del courier, se puede cobrar al cliente |
| Fotografía de productos | Pago único | Variable, y es lo que más incide en la conversión |
Los montos de suscripción y comisiones los define cada proveedor y cambian con el tiempo, por eso no los fijamos aquí: conviene confirmarlos al momento de contratar.
La consecuencia práctica de esta estructura es que una tienda online tiene un punto de equilibrio. Si vendes cinco productos al mes, los costos fijos se comen el margen y probablemente te conviene partir con un sitio informativo y cerrar por WhatsApp. Si vendes cincuenta, la tienda se paga sola y además te ahorra horas de atención manual.
Ese es el cálculo que hacemos antes de recomendar el plan Store: si el volumen no da, decirlo a tiempo sale más barato para las dos partes que montar una tienda que nadie va a usar.
Es una opción legítima y a veces la correcta. Los constructores visuales han mejorado mucho y, si tu sitio es una sola página con tres datos, puedes resolverlo en un fin de semana.
El costo real es tu tiempo. Un primer sitio hecho por alguien sin experiencia toma entre 40 y 80 horas contando el aprendizaje, las pruebas y los rehacer. Si tu hora vale $15.000, ya superaste el precio de un sitio profesional, y las dos partes que más pesan en el resultado —los textos comerciales y el SEO— son justamente las que quedan cortas cuando se hace sin oficio.
La pregunta útil no es «¿puedo hacerlo?», sino «¿es esto lo mejor que puedo hacer con 60 horas de mi tiempo?». Para la mayoría de los dueños de pyme, esas horas rinden más vendiendo.
Hay además tres cosas que casi nunca salen bien en un sitio hecho por uno mismo, y no por falta de capacidad, sino porque requieren distancia. La primera es el mensaje: cuando conoces tu negocio de memoria, das por obvio lo que el cliente no sabe, y terminas escribiendo sobre ti en vez de sobre lo que él necesita resolver.
La segunda es la jerarquía. Todo te parece importante, así que todo queda igual de destacado, y un sitio donde todo grita es un sitio donde nada se escucha. Decidir qué se sacrifica es la parte incómoda del trabajo.
La tercera es el rendimiento. Los constructores visuales facilitan el armado, pero el costo aparece en el peso de la página: plantillas que cargan fuentes que no usas, animaciones que corren aunque nadie las vea, imágenes sin comprimir. En un celular con señal media, eso son segundos de espera y visitantes que se van.
Un escenario intermedio que sí funciona: hazlo tú al principio para validar que el servicio se vende, y contrata cuando el sitio empiece a ser el canal por el que llegan los clientes. Muchas de las pymes con las que trabajamos llegaron exactamente en ese momento.
Cuando tengas tres propuestas sobre la mesa, la que se ve más barata rara vez es la más barata. Estas seis preguntas ordenan la comparación:
Una señal de alerta concreta: si nadie te pregunta por tu negocio, por tu cliente ideal o por lo que te diferencia, están cotizando un montaje, no un sitio que venda. La conversación comercial es parte del trabajo, y su ausencia se nota en el resultado.
Supongamos que pides presupuesto para el sitio de un taller mecánico y recibes dos propuestas. La primera dice: «Sitio web de 5 secciones, diseño responsive, $180.000, entrega en 4 días». La segunda dice: «Sitio web de 5 secciones con redacción de contenidos, estructura orientada a cotizaciones, SEO técnico y 2 rondas de ajustes, $380.000, entrega en 7 días hábiles».
A primera vista la diferencia son $200.000. Pero mira lo que hay debajo. En la primera, los textos los escribes tú: son cinco secciones, digamos ocho horas de tu tiempo si escribes rápido y quedas conforme al primer intento. En la segunda, no escribes nada.
En la primera, la estructura la define la plantilla, así que tu precio referencial y tu teléfono van a quedar donde el diseño los dejó, no donde conviene. En la segunda, alguien decidió que el taller mecánico necesita el teléfono visible en todo momento porque su cliente llama, no llena formularios.
Y en la primera no hay rondas de ajuste declaradas, lo que significa que el primer cambio abre una negociación. Al sumar tu tiempo y los dos o tres cobros adicionales que suelen aparecer, la propuesta de $180.000 termina costando entre $280.000 y $350.000, y con un sitio que hace menos.
No es que la primera sea una estafa: hace exactamente lo que dice. El error está en compararlas como si fueran lo mismo. La forma correcta de comparar es preguntar, en cada propuesta, qué trabajo hago yo y qué trabajo hace el proveedor, y recién entonces mirar el número.
Un último criterio, menos evidente: pide ver tres sitios que el proveedor haya hecho y ábrelos en tu celular. No mires si te gustan. Mira cuánto tardan en cargar, si entiendes en cinco segundos qué vende cada uno, y si encuentras cómo contactarlos sin buscar. Eso te dice más que cualquier portafolio bien presentado.
Para que este artículo no quede en teoría, estos son nuestros cuatro planes con precio, plazo y alcance. Todos son de pago único, sin mensualidades, y hasta 12 cuotas sin interés.
| PLAN | PRECIO | ALCANCE | PLAZO | CONTRATAR |
|---|---|---|---|---|
| Start | $300.000 + IVA | Hasta 4 secciones, en HTML | 5 días hábiles | Contratar → |
| Pro | $380.000 + IVA | Hasta 7 secciones, en HTML | 7 días hábiles | Contratar → |
| Plus | $520.000 + IVA | Hasta 10 secciones, autoadministrable | 10 días hábiles | Contratar → |
| Store | $750.000 + IVA | Tienda online en Shopify con Flow | 10 días hábiles | Contratar → |
Puedes ver el detalle completo de cada plan en nuestra página de planes y precios.
Para una pyme, entre $300.000 y $520.000 + IVA como pago único. Una tienda online parte en torno a $750.000 + IVA. Bajo $150.000 se trata normalmente de una plantilla sin trabajo de contenido.
La diferencia casi nunca está en el diseño visual, sino en si alguien escribe los textos, define la estructura comercial, configura el SEO y responde después de publicar. Dos sitios parecidos pueden tener diez veces esa diferencia de trabajo detrás.
El pago único conviene cuando quieres ser dueño del sitio. A $40.000 mensuales, en tres años pagaste $1.440.000 y el sitio sigue sin ser tuyo. La mensualidad solo se justifica si incluye trabajo continuo real.
La renovación anual de hosting y dominio, las fotografías profesionales, la redacción si no está incluida, los cambios posteriores a la publicación y las licencias de plantillas o plugins.
Entre 5 y 10 días hábiles para un sitio de pyme cuando el contenido está definido. Los proyectos que se estiran meses casi siempre se atrasan por falta de contenido del cliente, no por el desarrollo.
Si tienes tiempo y el sitio es muy simple, puede funcionar. El costo real es tu tiempo: entre 40 y 80 horas para un primer sitio, y el resultado suele quedar corto justo en textos comerciales y SEO.
Precio cerrado, plazo definido entre 5 y 10 días hábiles y el sitio a tu nombre desde el primer día.